Vendrán recortes. Uy, si vendrán. Recortes como casi ninguno
aquí en Occidente acertamos a recordar. Y vale que cuando mueren centenares de
personas a diario parece cuando menos una falta grave de tacto ponerse a
valorar las posibles consecuencias económicas de esta pandemia. Pero, por otro
lado ¿no es ese nuestro deber? Digo yo que tendremos que intentar suavizar el
impacto económico en la medida que nos sea posible; que bastante tienen
aquellos que están perdiendo familiares por el COVID como para perder también
su trabajo o su pensión. Y por ello repito: vendrán recortes. Descomunales.
Habrá inyecciones de liquidez por parte del Banco Central Europeo y parcheos de
todos los colores y sabores, pero de un parón de este calibre en una economía
mundial que ya estaba al borde de la recesión no nos vamos de rositas. Ni mucho
menos.
La
única diferencia será que si continúa gobernando la izquierda tendremos
recortes porque las circunstancias obligan y no nos queda otra salida; mientras
que si por el contrario gobiernan los otros los recortes se harán porque lo
llevan en su adn y es lo que siempre han querido hacer y todo eso que ya nos
sabemos de memoria. Pero eso poco
importa. Llueve sobre mojado. El doble rasero de los supremacistas morales es
tan previsible como cansino. Tanto que ya ni siquiera se molesta casi nadie en
señalarlo. Y si los brasileños y los estadounidenses deben fiscalizar
minuciosamente a Bolsonaro y Trump respectivamente para impedir que con su
despotismo empeoren una situación ya grave de por sí; aquí que gobiernan los
buenos lo que toca es lealtad al gobierno, y arrimar el hombro y tal y tal…
Pero no
entremos ahí ahora. Poco aporta ahora señalar por enésima vez lo que se sabía,
lo que no, lo que debería haberse sabido, o lo que no debería haberse dicho sin
saber… Ya que para la pandemia llegamos tarde, para su secuela económica
centrémonos en lo importante. Pongamos el foco en lo que sabemos, y en lo que
se puede saber. Porque tenemos la certeza de que la crisis será de magnitud
prácticamente sin precedentes. Sabemos también que será a escala global. Que, a
pesar de ser global; en nuestro caso será más pronunciada y duradera que en los
países de nuestro entorno, por desgracia, lo sabemos también. Es una certeza. Porque estamos haciendo todo
lo necesario para que así sea. Preparando un cóctel letal al que pocas pymes
podrán sobrevivir. Y, por mucho que se les llene la boca hablando de EREs y las
malvadas empresas del IBEX; el paro en España no viene mayormente de despidos,
sino de cierres de pequeñas y medianas empresas.
La
legislación laboral española lleva décadas siendo una de las más rígidas de
nuestro entorno (algunos dicen que del mundo entero), y el gobierno ha decidido
prohibir el despido procedente. Consigue así que a una empresa que no cumpla
requisitos para acogerse a un ERTE y que necesite recurrir a reducir cargas
salariales, le salga aún más caro. Y, por si fuera poco, decide que los ERTES
se terminarán en el momento en el que se levante el estado de alarma. Es decir,
que las empresas que sí que puedan acogerse a un ERTE tendrán que reacoger a
toda su plantilla sobre la marcha. ¿Qué supondrá para las pymes que han sufrido
un descalabro económico (al menos suficiente como para cumplir los requisitos
del ERTE) tener que reasumir las cargas salariales al completo sin poder
esperar a retomar la producción o (aún más importante) la facturación? ¿No
poder hacerlo gradualmente a medida que se vaya retomando la actividad? Pues el
cierre, claro. Y tampoco se crean que esto se trata de salvar a los empresarios
y a los empleados que les den. Es que para los empleados también es mejor (si
es que hay que elegir entre dos males) un despido con su correspondiente
prestación por desempleo que un cierre y acudir a Fogasa a ver cuánto y cuándo
cae, si es que cae algo. Y sobre el repelente para la inversión que supone un
vicepresidente recordando en cada ocasión que puede que la riqueza ha de estar
subordinada al interés general pues casi mejor ni entrar…
Si les
soy honesto, prefiero pensar que actúan desde el desconocimiento. Que toman
estas decisiones convencidos de que la economía es un juego de suma cero.
Confiando en que la riqueza está ahí y estará ahí esperando para ser
redistribuida cuando pase todo esto. Necesito, de hecho, pensarlo. Porque,
aunque no pocos insisten en que la cosa es así, yo no puedo concebir que en el
gobierno sepan cuál es el único desenlace posible de las medidas que están
tomando. No podría encajar que conociesen en qué va a resultar todo esto y que
a pesar de ello sigan adelante. Necesito pensar que actúan por la osadía del
ignorante y no por otra cosa. Y que serán sinceros cuando nos digan (otra vez)
que no podían haberlo sabido. Que no se podía prever que en España iban a
cerrar más pymes que en ningún otro país de nuestro entorno. Que (otra vez)
nadie podría haberlo hecho mejor. Que (de nuevo) la crisis es mundial, y que si
(otra vez) mientras los otros salen nosotros nos seguimos hundiendo no se debe
a nada que pudiésemos haber hecho de manera distinta. Que si (suma y sigue)
Europa no se presta a ayudar incondicionalmente es porque nos desean lo peor, y
no porque nuestras acciones puedan generar desconfianza…
Pero lo sabemos. Claro que lo sabemos. Nada puede impedir la crisis que se avecina, pero todo lo que no sea descargar fiscalmente a las empresas será echar leña al fuego. Así que no les pido que compartan este artículo, pero sí que lo guarden. Porque llegará la quiebra, vendrán los recortes; seguiremos cayendo mientras el resto se recupera y nos vendrán con aquello de que nadie podría haberlo visto venir.