martes, 20 de marzo de 2012

La reforma del despido

         Uno de los grandes misterios de la humanidad es, sin lugar a dudas, que un partido con tan graves deficiencias en materia de comunicación como lo es el PP haya podido alguna vez ganar unas elecciones. Que ya no es que durante sus años en la oposición entrasen como 'miuras' a los trapos torpes y no excesivamente ingeniosos que les mostraban Blanco y Rubalcaba (así fue que durante la segunda legislatura de ZP optaron directamente por no decir nada ni opinar sobre cosa alguna); es que incluso una vez en el poder, con toda la maquinaria informativa gubernamental a su servicio, siguen sin saber defender sus actos o medidas sin que desde Ferraz se los coman con patatas. Teniendo en cuenta quién habla desde la bancada socialista, y lo fácil que resultaría avergonzarle hasta que no se atreviese a salir de casa, parece que en Génova deberían hacérselo mirar.

     Presumo que lo que les pasa a los populares es que entienden que lo verdaderamente importante es gobernar, y no perder el tiempo con menudencias como la comunicación. Y tal vez desde una perspectiva limitada y pueril, algo así pueda incluso sonar como digno de aplauso; pero la realidad es que las responsabilidades del gobernante van mucho más allá de gestionar unos presupuestos de la manera más eficiente y beneficiosa para todos. Es deber del gobierno, sin discusión, ya no solo informar debidamente de todas sus medidas y actuaciones; sino también de explicarlas y ayudar a los ciudadanos a comprenderlas; y evitar así confusiones, desesperanzas y hastíos como el que padece una gran mayoría de los españoles tras la reciente reforma laboral. Y bien es verdad que no anda uno como para hacerle el trabajo a nadie (y mucho menos gratis), pero no son pocas las personas de mi entorno a las que la confusión y la incomprensión están deprimiendo; y es pensando en ellas, y no haciendo favores a nadie, que voy a intentar aclarar las cosas al menos un poco.

          Lo primero que hay que tener en cuenta para entender esta reforma laboral es que, efectivamente, favorece el despido. Lo facilita enormemente; y que sus enunciados son una herramienta diabólica en manos de las grandes empresas, no es algo que haya cogido a nadie por sorpresa. Y de ahí que sea perfectamente legítima la pregunta de aquellos que no entienden cómo pretende nadie resolver el problema del paro mediante el despido. Ahora bien, lo que no ha sabido explicar el Partido Popular es de dónde viene nuestro paro, y es ahí precisamente donde radica el meollo de la cuestión.

          No son pocos los que al pensar en parados piensan en personas que han sido despedidas de las empresas en las que trabajaban; y lo que muchos pasan por alto es que, al menos en el caso de España, una amplia mayoría de los parados no han sido despedidos; sino que están sin trabajo porque la empresa en la que trabajaban ha dejado de existir. De ahí que la sangría laboral que padecemos, no sea resultado tanto de despidos, EREs y reducciones de plantilla; como de pymes que se han visto abocadas al concurso de acreedores. Así pues, cuando nuestros gobernantes afrontan el problema del paro, saben que lo que tienen que evitar por encima de todas las cosas es que las pequeñas y medianas empresas sigan yéndose a pique. Y aunque se trata de una realidad cuando menos dramática, lo cierto es que en muchos casos parte de la solución pasa por poder reducir plantilla sin afrontar unos costes inasumibles, replegando así las velas todo lo posible hasta que pase lo más duro del temporal.

          Y esto no es algo que ni mucho menos haya descubierto Mariano Rajoy el mes pasado. Sabido es por nuestra clase política desde antes de que las cosas empezaron a ponerse feas allá por 2008. Y de ahí que UGT y CC.OO. pareciesen mirar hacia otro lado mientras los dos millones de parados se convertían en tres, y los tres en cuatro. ¿Qué podían hacer? ¿Exigirle al gobierno que hiciese algo? ¿Sabiendo como sabían dónde estaba el problema y por dónde pasaba parte de la solución? Y por eso mismo ZP se dedicó a echar balones fuera y flipar con sus brotes verdes. ¿Cómo les contaba a sus colegas de Rodiezmo que les daba casi barra libre a los patronos de las grandes empresas para intentar ayudar a las pymes? ¿Cómo les contaba a sus amigos de los sindicatos que tocaba precarizar la situación de la minoría de trabajadores a la que representan para intentar salvar al menos a parte del resto?

          Así llegamos a nuestro dramático presente, y a la reforma laboral del PP; por la cual, una pyme de 25 empleados puede poner en la calle a 15 personas que antes estaba económicamente obligada a mantener. Y Rubalcaba (haciendo su trabajo, todo sea dicho), presenta el vaso medio vacío y pregunta irónicamente cómo van esos quince despidos a arreglar el problema del paro. Y sabe perfectamente que así tal vez se consiga evitar un cierre que dejaría en la calle a veinticinco, pero eso no le corresponde explicarlo a él. Y parece que desde Génova están demasiado ocupados gobernando como para explicarnos que, al menos tal vez, el vaso esté medio lleno.

martes, 31 de enero de 2012

Con la puerta en las narices

          Hay que reconocer que el plan era casi perfecto. Tanto, que podría haber servido de argumento para una de esas novelas de intrigas políticas que venden en los aeropuertos. Y como todos los planes perfectos, se basaba en una idea rematadamente simple: atamos al "intruso" de pies y manos y contamos con que hará exactamente lo mismo que haríamos nosotros en su situación. Esto es, revolverse y revolverse cavando al hacerlo su propia tumba.

          Pero, claro; si algo hemos aprendido de Hitchcock es que hasta en el más minuciosamente estudiado de los planes perfectos, puede aparecer una variante inesperada que se lo lleva todo por delante; y cuando por el medio anda metido Francisco Álvarez-Cascos, lo inesperado tiende a convertirse en la norma.

          Así, cuando el PP y el PSOE pactaron en Asturias bloquear los presupuestos del Principado para 2012, ni siquiera se les pasó por la imaginación que los acontecimientos no se fuesen a desarrollar tal y como tenían previsto. A fin de cuentas, Cascos es un político de larga trayectoria; y si algo sabemos con certeza sobre los políticos es que se aferran a sus sillones como los náufragos a cualquier cosa que flote. Asumido estaba que el presidente haría lo propio, e intentaría gobernar sin presupuestos, o con los del año pasado, o como fuese menester. Así las cosas, la situación no podría sino empeorar cada vez más hasta que fuese lo suficientemente negra como para que los grandes partidos pudiesen "salvar" a todos los asturianos presentando una moción de censura que obligase a un quemadísimo Cascos a dimitir. Y tal vez a alguno se le pongan los pelos de punta con tan solo plantearse que haya políticos en Asturias dispuestos a perjudicar al Principado y todos sus ciudadanos con tal de robarle la silla al "intruso"; pero hay que recordar que desde su perspectiva lo importante es su propia guerra, lo de los ciudadanos se reduce a "daños colaterales", y que visto así es como duermen cada noche como auténticos bebés. Y si no me creen, explíquenme entonces porqué desde Génova se aplaudieron durante años todas las cifras negativas que nos brindaba la crisis (con mayor entusiasmo cuanto peores fueran); y porqué hoy se hace lo propio desde Ferraz.

          A resumidas cuentas. Las cartas estaban echadas, los sillones despejados, y solo estaba por decidir cómo se los iban a repartir entre PP y PSOE. El trayecto hacia el poder (a todas luces imparable) había comenzado; pero tras apenas cinco días de travesía se toparon de bruces con la realidad: Francisco Álvarez-Cascos les daba con la puerta en las narices.

          Resultó que el "intruso" no lo era tanto. De hecho, más sabe el diablo por viejo que por diablo; y Cascos lleva en política desde mucho antes de que algunos de los que hoy conspiraban contra él se hubiese planteado afiliarse a algún partido. Y cuando pensó el ladrón que todos eran de su condición, cometió un tremendo error de cálculo: Cascos no solo no se ha aferrado al sillón, sino que ha disuelto el gobierno sin apenas despeinarse; estableciendo que sean los asturianos en las urnas, y no el PP y el PSOE, quienes decidan si debe ser FORO o tal vez cualquier otro partido quien deba intentar sacar a Asturias de la ruina en la que está sumida tras décadas de caciquismo.

          Y sobre las reacciones suscitadas, casi prefiero no opinar. Los que subestimaron a Cascos a principios de 2011, vuelven a hacerlo hoy. Hablan de pataletas y batacazos inevitables, exactamente igual que lo hacían el año pasado. Y lo que pasó después lo cuentan muchísimo mejor las hemerotecas de lo que jamás pueda aspirar a hacerlo un servidor de ustedes. Así pues, me abstengo de explicarle a ninguno de los que hoy tropiezan en la misma piedra lo que deberían haber aprendido el pasado mes de mayo y me limito a expresar un deseo: pase lo que pase, y sea como fuere; deseo que los que han pretendido alargar e intensificar la desgracia de los asturianos para usarla como trampolín hacia la presidencia del Principado; ya que jamás pagarán por ello, al menos se queden sin su codiciado premio. Esto es, que PP y PSOE se encuentren el próximo 26 de marzo exactamente donde se encuentran hoy: con la puerta en las narices.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Lo que se acabó el domingo (2 y final)

          Como decíamos ayer... (qué gustazo poder emular a Fray Luis de León), sin esperar a que tome las riendas el nuevo gobierno, ya hay una serie de cosas que han cambiado solo con el fin de la campaña electoral.  Ayer hablábamos de la regeneración de la figura de Zapatero que lleva en marcha ya cuarenta y ocho horas y de la desaparición de la crisis facilona con posible salida sin recortes. Hoy, empezaré por señalar el final del movimiento de los indignados o 15M tal y como lo hemos conocido.

          Que no es que crea que se van a terminar las reivindicaciones de una regeneración democrática, cambios en la ley electoral, o simple y llanamente de un sistema más justo: el movimiento no va a desaparecer. Pero si ya desde las elecciones locales y autonómicas el seguimiento había disminuido considerablemente, tras las generales se va a quedar en prácticamente un chiste comparado con lo que fue en un principio. Tal vez muy ruidoso, sí; pero poco más que un chiste. Y es que por muy apolítico que pretendiese ser, los individuos apolíticos no existen. Puede uno no identificarse con ninguno de los partidos existentes, pero eso poco tiene que ver con ser apolítico. Así, a pesar de que al movimiento de indignación se sumaron individuos de todo tipo de ideologías; aunque solo sea por su tendencia histórica a llevar sus reivindicaciones a la calle, resulta obvio que se trataba de un colectivo mayoritariamente de izquierda. Y (lo más paradójico) aunque surge como respuesta a, entre otras cosas, el bipartidismo reinante; gran parte de las adhesiones se producen como fruto precisamente de este bipartidismo; por eso de que en España aún no hemos aprendido a distinguir entre partidos e ideología. Me explico: para muchos de los indignados el verdadero problema fue que (desde su perspectiva bipartidista) entendieron que protestar por los desaguisados del gobierno socialista equivalía a apoyar al Partido Popular; y eso era algo que, desde su ideología de izquierda, no estaban dispuestos a hacer. Otros, sin llegar tan lejos pero cegados también por el bipartidismo implementado ya hasta en su código genético; sintieron que ante el fracaso del PSOE, la única opción viable en España era la derecha. Eso, entendido así, es una señal inequívoca de que algo falla. Y así es como unos y otros optaron por la protesta transversal ante todo el sistema. Y tampoco me extiendo más sobre esto, que ya lo expliqué detenidamente en la entrada de este mismo blog del pasado 19 de mayo titulada "No es oro todo lo que reluce". Lo que interesa resaltar ahora es que, una vez en el gobierno un equipo de derechas, para muchos la protesta ante la situación o la gestión del partido dirigente ha dejado de suponerles un conflicto ideológico; con lo que a pesar de que los fallos del sistema seguirán estando ahí, sin duda dejarán de ser una prioridad.

          Y ya que hablamos de bipartidismo, que más quisiera yo que poder anunciar que también desapareció el domingo, pero nada más lejos de la realidad. Tras una gestión manifiestamente desastrosa como ha sido la que nos ha brindado, el PSOE ha recibido un 30% más de votos que todas las demás alternativas al PP juntas; lo que no parece augurar ningún cambio a corto plazo en nuestra visión dicotómica del panorama político. De hecho, el cambio más notable en la foto del hemiciclo es la llegada de un nuevo interlocutor político para el País Vasco; uno que, además, no considera que el hemiciclo sea una institución legítima en lo que a Euskadi se refiere. Y ya veremos a qué nos lleva, pero bien es verdad que por ahora no augura nada bueno ni para los vascos, ni para el resto de los españoles.

          Pero bueno, si de algo me gusta que me acusen, es de optimismo ciego; así que no quiero cerrar esta reflexión sobre el final de campaña sin exponer las esperanzas a las que me aferro tras los comicios del domingo. Lo que espero es que sepamos superar actitudes como la de la energúmena de FAC, que tras los resultados cuestionaba en Twitter la inteligencia de los asturianos; o la del cenutrio aquel del PSOE que se refería en su día a los que votaban al PP como "tontos de los cojones". Más bien espero que, tal y como en su día se defendía la gestión socialista de la primera legislatura de Zapatero exponiendo los resultados electorales de 2008 añadiendo "algo habrán hecho bien"; sepamos interpretar que si el PP recibe más de diez millones de votos (y no menos de nueve desde hace ya más de una década), algo bueno ha de tener. Así como también espero que sea entendido por todos que lo que ha fallado no ha sido la izquierda; que lo que ha fallado ha sido el PSOE y que, se regenere este partido o no, la izquierda cuenta en España con un elevadísimo potencial y talento; y que por mucha mayoría absoluta que haya en el congreso, su colaboración y apoyo si es que queremos salir de esta resultan indispensables.

          La situación en España no es mala, es lo siguiente; pero ante nosotros se presenta una oportunidad histórica. Nunca en nuestros años de democracia un partido aglutinó como hace hoy el PP tanto poder local, autonómico y nacional al mismo tiempo. Así las cosas, se pueden llevar a cabo reformas sin que los intereses partidistas enfrentados puedan evitarlo; vamos, centradas en la verdadera política y por el interés de España y sus ciudadanos. Ahora bien, de nada servirán sin no nos olvidamos de números de escaños y las hacemos entre todos. La oportunidad está servida...

martes, 22 de noviembre de 2011

Lo que se acabó el domingo (1)

          Vale que con la que le está cayendo a nuestra deuda soberana y a nuestra prima de riesgo, parece que ponerse a hablar sobre consecuencias domésticas y sociales del final de la campaña  resulta un tanto insensato. Pero hay veces en la vida en la que ante problemas frente a los cuales poco o nada podemos hacer, lo más oportuno es intentar seguir hacia adelante y no paralizarse obcecándose en asuntos sobre cuyo desenlace apenas podemos influir. Y es por esto que, a pesar de todo, quiero señalar hoy una serie de ideas que murieron en el momento en el que se cerraron los colegios electorales el domingo.

          Por ejemplo, el domingo feneció Zapatero "el apestado". Ese presidente inútil cuyo partido mantuvo todo lo alejado que pudo de su candidato durante la campaña. Ese cuya gestión intentaron olvidar unos y otros. Ese Zapatero ya no está. Ahora lo que empieza es la reivindicación de Zapatero, y sus cualidades como presidente no van sino a crecer y crecer. Y poco importa que el nuevo gobierno no entre en funciones hasta dentro de varias semanas; curiosamente, todos los males que nos toque padecer ahora serán inequívocamente culpa de los elegidos el pasado domingo. Pero lo más importante no es eso; lo verdaderamente novedoso es que cualquier mejoría que presente nuestra situación durante los próximos años, será para muchos el evidente resultado de las políticas puestas en marcha por ZP y su gabinete durante sus últimos meses en el poder. El rescate de su denostada figura ya está en marcha; y si lo quieren las circunstancias y el Partido Popular obtiene logros, no harán sino enterrar en el olvido al ZP junto al que hoy ni su mujer quiere hacerse una foto.

          Pero si hay algo verdaderamente importante que desapareció el domingo, es la crisis de la que nos llevan hablando varias semanas. Esa crisis de la que no solo íbamos a salir inexorablemente en cuestión de un par de meses, sino que podíamos hacerlo de infinitas maneras. Esa crisis que algunos reducían incluso a "excusa" de otros para llevar a cabo recortes también murió el domingo. Nos toca ahora enfrentarnos a la crisis de verdad, y asumir que los mensajes positivos de unos y otros eran pura demagogia y, en muchos casos, pesca de votos al cobijo del convencimiento de que sus propuestas nunca se iban a poner en práctica. Por ejemplo, mucho se ha repetido la posibilidad de eludir los recortes a base de subir impuestos de manera progresiva (para que paguen más los más ricos, se entiende). Y suena tan bonito dicho así que cuesta no confundir al que lo suelta con Errol Flynn vestido de Robin Hood; pero resulta que el 90% de la recaudación del IRPF en España procede de los asalariados. Dada la magnitud del déficit de nuestras administraciones ¿alguien se cree realmente que podemos arreglarlo multiplicando solo el 10% restante? Podríamos freír a impuestos a todos "los ricos" de España, y ni con esas taparíamos el agujero; con lo que por muy progresiva que fuese la subida, también se la iba a comer la clase media. Vamos, lo que nos faltaba; y eso por no entrar en lo que supondría para la inversión privada y lo difícil que resulta imaginarse un descenso del paro sin ésta.

          El verdadero problema en España, y esto lo saben todos los candidatos de todos los partidos, es que el gasto público se hace "de prestado" y las administraciones consumen todo el crédito disponible. Y poco importa si el año pasado se concedieron 93.000 millones más de euros en créditos que el anterior en nuestro país; que se los comieron íntegros las administraciones. Y sin crédito, no hay actividad empresarial. Y sin actividad empresarial, no hay empleo. Y sin empleo no se recaudan impuestos, y se viene abajo todo lo demás. Vamos, que no nos queda otra que reducir el gasto de nuestras administraciones. Y esto no lo digo yo porque sea más listo o sepa más de economía que los que prometían reactivarla aumentando el gasto público; que sabido es que no tengo a nuestra clase política en alta estima, pero ni yo mismo les considero tan memos. Lo que pasa es que yo no necesito dorarles la píldora fantaseando fórmulas mágicas para evadir los recortes a ver si así me votan.

          Y viendo que esto va para largo, mejor hacemos una pausa. Mañana más.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Aprender de Berlusconi

          Vale que igual no soy la persona más adecuada para recordarlo, pero quiero hablar hoy de la importancia de saber aprender de los errores. Que bien es verdad que las piedras se echan a un lado al verme llegar para intentar evitar que tropiece con ellas por enésima vez; pero es que es precisamente por ello que soy consciente de la necesidad que tenemos como individuos y como sociedad de saber extraer enseñanzas de nuestros yerros.

          Y si hoy en particular me da por aquí es a raíz de lo acontecido en Italia este fin de semana. El sábado finalmente presentó su dimisión Berlusconi, y apenas un par de segundos después ya se había organizado una fiesta multitudinaria en todo el país. El domingo todos los titulares señalaban cómo los italianos se habían librado finalmente del chuleta mafioso y putero, y en la tele se mostraban toda suerte de multitudes cantando "aleluya, aleluya".

          Hasta el punto en el que solo cabía preguntarse cómo había llegado Berlusconi a convertirse en primer ministro. Sus muestras de alivio y júbilo hacían cuestionarse qué habían hecho los italianos para merecer semejante maldición. Y como yo soy muy de cuestionarme, decidí investigar.

          Pues, para mi mayúscula sorpresa, descubrí que a Silvio Berlusconi lo habían elegido primer ministro los propios italianos en las urnas. De hecho no una, sino varias veces. Incluso hace no mucho, cuando ya todo el mundo sabía cómo se las gastaba el menda, por un tiempo fue primer ministro Romano Prodi; su gobierno de coalición de izquierda no se sostenía del todo bien con lo que se adelantaron elecciones y los italianos decidieron que volviese a gobernar el galán de Villa Certosa. Hoy, tras semanas de acoso por parte de las instituciones financieras y los dirigentes políticos de diferentes países de la UE, Silvio Berlusconi ha dejado de ser primer ministro (puesto que se ocupará sin elecciones mediante); y los italianos lo festejan. Vamos, que llegan los mercados, Merkel y Sarkozy y fuerzan la dimisión del primer ministro que los italianos eligieron en las urnas, y no solo no se mueren de vergüenza los tíos, sino que salen a la calle a celebrarlo (están locos estos romanos...). Y, claro, uno no puede menos que preguntarse: ¿qué carajo están celebrando? ¿que les hayan usurpado la soberanía que legítimamente les pertenece o que su democracia esté blindada a prueba de su propia estupidez? ¿No parecería más oportuno un tiempo de reflexión y autocrítica? ¿No resultaría más positivo para todos intentar aprender de lo acontecido, a ver si no se vuelve a repetir? Vista la magnitud de la fiesta, parece que no muchos en Italia piensan así.

          Y eso me trae de vuelta a casa. Que tal vez no seamos italianos, pero el carácter latino es el carácter latino; y de ese andamos bastante sobrados también por aquí. Y bien es verdad que las diferencias entre Berlusconi y ZP son notorias; pero no por ello deja de serlo que no aprender de lo sucedido en Italia sería desperdiciar una oportunidad puesta en bandeja. Tenemos el gobierno que padecemos porque así lo hemos elegido; y por lo que apuntan las encuestas, asumo que no hemos aprendido absolutamente nada. Zapatero es fruto del voto útil, del partidismo ciego, del voto en contra y del borreguismo idiotizado. Y ahora que las consecuencias hacen cola en las oficinas del INEM, en lugar de reflexionar un poquito e intentar corregirnos, ¿nos limitamos a repetir exactamente lo mismo pero en dirección contraria?

          Y así, mientras sigamos sin querer aprender de nuestros propios errores, será cuestión de tiempo que nos toque revivir los peores episodios de nuestra democracia. Antes o después volveremos a padecer a un presidente incapaz de controlar la corrupción en su gobierno igualito a González, a un presidente soberbio y endiosado convencido de poder gobernar por y para los españoles sin los españoles como Aznar; o a un presidente incapaz, insensato e irresponsable superadísimo por las circunstancias como Zapatero. Eso sí, cuando nos los quiten de encima lo celebraremos por todo lo alto. A fin de cuentas, o le votaron otros o con el que votaron los otros no nos habría ido mejor ¿verdad?

jueves, 3 de noviembre de 2011

Hacer guapo a Zapatero

          Ya de bien pequeñito aprendí que por muy feo que sea un ser humano, antes o después aparecerá otro que le hará parecer guapo. Es una de esas constantes inquebrantables de la vida que no sé si señaló en primer lugar algún filósofo clásico o tal vez la típica abuela de esas que sin haber abandonado apenas la cocina de su casa, y mucho menos su pueblo, contaban con muchísima más sabiduría que la mayoría de los que hoy se nos presentan como eruditos. Y poco importa en verdad si el primero en verbalizarlo se llamaba Isaac Newton o Herminia Pérez; la cuestión es que se trata de una ley de la naturaleza tan indiscutible como la de la gravedad o el teorema de Pitágoras.

          Es por este mismo principio que Zapatero anda estos días con una sonrisa picarona que no se le quita ni con las últimas cifras de desempleo. Cuando empezaba a asumir que nadie podía arrebatarle el número uno en el ranking de liantes infinitos de la política internacional e interestelar, aparece Papandreu y nos desmiente en dos patadas a todos los que afirmábamos plenamente convencidos que hacerlo peor que Zapatero era físicamente imposible.

          Que bien es verdad que, escarmentado tras tantas ocasiones en las que he tenido que modificar mis expectativas sobre ZP a la baja; he de reconocer que tras el anuncio de Papandreu de someter las medidas a referéndum, sentí un gran alivio. Lo primero que me vino a la cabeza fue que llegó demasiado tarde como para que el progresista planetario de León decidiese regalarnos a los españoles un ejercicio de democracia similar. Lo que no tuve en cuenta es que tras las dos tardes de estudio de economía que le señalaban como necesarias cuando era candidato, vinieron al menos media docena más. Y que aunque en sus siete años como presidente no haya sido capaz de memorizar un par de frases en inglés, sí que ha aprendido un par de cosas. Al menos las suficientes como para saber que si aquellos a los que les debes una millonada que te tiene en quiebra deciden perdonarte la mitad a cambio de que cantes y toques el ukelele desnudo en la puerta de Alcalá; lo que hay que hacer es desvestirse antes de que terminen de pedírtelo y plantarse allá con las gothic girls haciendo los coros y la Isadora Duncan cazurra adornándolo todo con entrechats, cabrioles, assemblés y taconeo flamenco si es que eso es lo que les pone a los acreedores. Y por eso ahora sonríe. Porque sabe que los que denunciábamos a gritos que no se nos podía hacer más daño nos acabamos de dar con una puerta en las narices. Porque si alguna vez se tiene que ver cara a cara con alguno de nosotros, antes de que abramos la boca podrá preguntarnos con sorna: ¿a mí me llamábais inconsciente? ¿a mí me considerábais irresponsable? Porque ahora sabe que, leyendo las noticias que nos llegan desde Grecia, nos sentimos en cierto modo afortunados de haber tenido a ZP de presidente; conscientes ahora de que sí que podría haber sido muchísimo peor.

          Porque todos los desmanes, bandazos, rectificaciones de las rectificaciones, incongruencias, ocurrencias y demás desvaríos de Zapatero, Salgado, Rubalcaba (que, a pesar de que nadie lo diría, creo que tuvo cierta relevancia en todo esto), Solbes, Sebastián y el resto de la tropa; se reducen a chiquilladas inconsecuentes al lado de la propuesta de referéndum de Papandreu. Pretender dárselas ahora de demócrata y consultar al pueblo griego sobre las medidas es el insulto definitivo. ¿No habría resultado más oportuno hacer el referéndum antes? Esto es, preguntarles a los griegos qué les parecía que les utilizasen a ellos y a todos sus bienes como avales (así funciona la deuda soberana) de unos créditos de miles de millones de euros que en ningún caso se iban a poder devolver. El pueblo griego concedió un poder a su gobierno que éste utilizó de manera irresponsable (discutir hoy quién fue el primer irresponsable resulta estéril). Ahora, por desgracia, los griegos no pueden decidir si asumen o no las consecuencias de esta irresponsabilidad; exactamente igual que los españoles no podemos elegir en las urnas si aceptamos nuestros cinco millones de parados o no. Así es que, a pesar de que no puedo saber los verdaderos motivos que llevan a Papandreu a convocar semejante despropósito; sí que intuyo las consecuencias y me hacen temblar de pavor.

          Admitir que el pago de la deuda soberana se someta a las urnas no es una opción. Semejante descrédito para la más importante fuente de financiación de los gobiernos de todo el planeta es simplemente inaceptable. EL MUNDO NO SE LO PUEDE PERMITIR. Y así es como, por tercera vez en los últimos cien años, Alemania (principal acreedora) se ve encorsetada por sus vecinos. Y mientras toca morirse de miedo, en España casi nadie parece darse cuenta; por no hablar de todos los que (preparando el terreno) presentan a la Merkel como la mala de la película solo por no querer prestar dinero sin que antes se haga lo necesario para que al menos exista la posibilidad de que le sea devuelto. Y perdonen si no me extiendo más sobre esto, pero me puede la angustia y asumo que sabrán sacar sus propias conclusiones.

          Pues eso; que el panorama que se avecina no es desolador, es lo siguiente. Pero al menos Zapatero sonríe.

viernes, 21 de octubre de 2011

La Historia reducida a un argumento electoral

          Qué poquito me ha durado el impacto. No había terminado de encajar el comunicado que ayer tarde difundía ETA, y las reacciones suscitadas en unos y otros ya me estaban poniendo de los nervios. Leche, que no es que al analizarlo se plantease alguno cómo resultaría más conveniente abordarlo cara al 20N; es que nuestra querida clase política y sus aparatos mediáticos han hecho única y exclusivamente la lectura en clave electoral. Y la cordura, el sentido común, la lógica o los verdaderos intereses de este país y sus ciudadanos quedaron una vez más relegados a la inopia.

          Así, da la sensación de que lo que más de uno querría sería que ETA volviese a atentar (sin víctimas, pero atentar) en el menor plazo posible, aunque solo sea para demostrar que ayer llevaban razón al conceder al comunicado cero credibilidad. Y sé que es una auténtica barbaridad, pero no supera en insensatez a aquellos que lo quieren dar por bueno a toda costa y que en menos de un minuto hablaban ya de ETA como algo del pasado.

          Y comprendo que lo peor que podríamos hacer ahora es recibir este comunicado cegados por el escepticismo; pero bien es verdad que ayer, entre tantas celebraciones, eché en falta algún llamamiento a la prudencia. Que por supuesto que todos los ciudadanos con dos dedos de frente deseamos de todo corazón que el comunicado sea el principio del fin, pero no podemos ignorar que a fin de cuentas por ahora solamente tenemos eso: un comunicado. Ni que un comunicado solo son palabras. Ni mucho menos que en este caso en particular las palabras en cuestión las pronuncia un tipo encapuchado.

          Por esto es que no comparto el entusiasmo con el que ayer miles de personas señalaban el carácter histórico de la fecha que estábamos viviendo. Bien podría serlo, pero independientemente de lo mucho que queramos que lo sea (o no), solo el tiempo puede determinarlo, sin que nosotros podamos hacer nada para favorecerlo. Esto no es un conflicto armado en el que ambas partes se sientan y firman la paz; aquí lo que tenemos es un agresor que emite un comunicado. Y claro que debemos ir corriendo a coger la botella de champán, pero por ahora debemos limitarnos a ponerla a enfriar. Si un tipo nos apunta con un arma, es lógico que sintamos alivio si nos dice que no nos va a disparar; pero tampoco es muy sensato dar por resuelto el problema mientras no suelte la pistola. Cuanto más nos precipitemos en celebrar la fecha de ayer, más se parecerá la emisión del comunicado a la firma de una paz que pone fin a una guerra; y si sabemos de algo que de ningún modo debemos hacer, eso es bailar al son que nos dicte la izquierda abertzale.

          En las actas incautadas a ETA hace unos meses ya se mencionaba el bochornoso congreso internacional que tuvo lugar este lunes, y se lo señalaba como el arranque de una nueva etapa de negociaciones políticas. Y ya que el gobierno y los medios afines han insistido incansablemente en la poca credibilidad que se le deben dar a unas actas de ETA, y yo soy muy de hacerles caso sumiso; mejor me remito al comunicado de ayer, cuya credibilidad viene (curiosamente esta vez sí) avalada por el gobierno y sus medios afines. En este se dice textualmente: "ETA hace un llamamiento a los gobiernos de España y Francia para abrir un proceso de diálogo directo que tenga por objetivo la resolución de las consecuencias del conflicto y, así, la superación de la confrontación armada". Y como se puede decir más alto pero no más claro; nosotros debemos asumir que lo de ayer no supone el final de la violencia, sino el principio de una negociación que bien podría (ojalá así sea) llevarnos a este final.

          Por eso entiendo que es una actitud despreciable y mezquina la de los que no quieren ver la esperanza puesta ante nuestros ojos; pero tampoco he sido nunca amigo de poner el carro delante de los bueyes. Así pues pongo el champán a enfriar, pero acto seguido pregunto: ¿qué pretenden recibir a cambio? ¿realmente se van a limitar a demandas que podamos concederles? Y la verdadera pregunta del millón: ¿Qué pasa si las consecuencias del conflicto no se resuelven de manera que ellos entiendan como satisfactoria? Que me encantaría pensar que se han caído de la burra y que finalmente han comprendido que no pueden ganar; pero me da que hace tantos años y tantos muertos que ya lo saben, que lo mínimo que puedo hacer es preguntar.


          Por cierto, ¿Se han fijado en lo bien que hablan y escriben castellano, los jodíos, cuando se dirigen a la BBC y el NY Times?