miércoles, 7 de febrero de 2018

Sí que hay Ley, Puigdemont

(Publicado en La Razón el 14/01/2018)
https://www.larazon.es/blogs/politica/sin-consenso/si-que-hay-ley-puigdemont-HA17424650
Hay redaños. Los hay. Los hay de sobra. Así que déjate ya de desafíos de patio de colegio, en plan a ver si hay arrestos de encarcelar a un President. Asume de una vez que tu carrera política está finiquitada. Lo estuvo desde el principio. Tu carrera política nació muerta.
Te lo explico masticadito, Carles: No es que estés perdiendo el pulso que le estás echando al Gobierno. Es que se te hizo president para que lo perdieses. Es que si ese pulso pudiese ganarse, si existiese la más mínima posibilidad de que eso sucediera, no estarías echándolo tú...
No soy yo muy de batallitas, pero recuerdo perfectamente el día que te invistieron president. Estábamos en la radio, en plena tertulia política, y en cuanto te vimos en el monitor que teníamos en el estudio nos pusimos a investigar tu pasado. Tu futuro ya lo conocíamos. Tu futuro era la cárcel. Porque tú nunca has sido president, Carles; mucho menos timonel de un heroico prusés. Tú siempre has sido un cabeza de turco. El tonto útil. El ‘patsy’ que dicen los anglosajones. Lo más ‘presidenciable’ de entre los descerebrados que creían que la vía unilateral realmente era una vía que podía llevar a algún sitio distinto de una celda... El día que Artur Mascomprendió que aquel tren ya no había quien lo frenase te hizo la trece catorce: “conduce tú, Carles; que yo me tengo que bajar aquí un rato. Que me he dejado unas croquetas en el fuego y la lavadora puesta”... Y tragaste. Tragaste hasta el fondo. Y contigo Forcadell, y los cachorros de la CUP, y algún que otro insensato de los que hoy hacen cola para pedir clemencia ante el juez. Os la tragasteis todos igual que os habíais comido con patatas aquello de que a Cataluña le vendría bien la independencia, que el mundo entero se rendiría ante la supremacía catalana, que Rajoy y el Rey se harían caquita en los pantalones, y que Cervantes y Colón eran de Llobregat.
Tal vez desde Bruselas se vean las cosas de un modo diferente, pero tus colegas de por aquí lo van teniendo cada día más claro. No solo hay Ley; es que les han enviado al trullo y en la calle no se ha generado tumulto alguno. Las hordas independentistas no han acudido al rescate, ni han reventado los barrotes. No ha ardido Troya. El pueblo catalán oprimido por España hasta la asfixia que se suponía representaban no ha enarcado una ceja. Ha llevado a sus niños al cole y luego se ha pirado a la oficina a trabajar... Y así las cosas, uno a uno se han ido retractando, y pidiendo perdón, y diciendo que no iba en serio y, por supuesto, renunciando a participar de un nuevo gobierno independentista. Porque finalmente lo han entendido. Ahora ya saben lo solos que estaban. Hoy finalmente comprenden que no han sido más que tontos útiles. Cabezas de turco para una clase política independentista que jamás aspiró a la independencia. Que tenía pavor a la independencia, de hecho; porque la independencia era y es lo único que puede terminar con el modo de vida faraónico que se ha construido en el independentismo.
En la burra te vas quedando solo tú, Puigdemont. Bueno, tú y cientos de miles de ciudadanos ingenuos que también se tragaron la fábula de los unicornios envueltos en esteladas. La diferencia es que ellos no irán a la cárcel y tú sí. No te quepa la menor duda. Tú irás a la cárcel, y llegará el día en que seas el único de todo el tinglado del prusés chupando celda. Porque ese es el papel que se te asignó desde el principio. Así que déjate ya de desafíos, que esto no se trata de si el Gobierno tendrá redaños a encarcelar a un president, Puidgemont. Lo único que debe importarte es que Cataluña no tiene arrestos para investir a un delincuente fugado y, toma buena nota: tampoco tiene el más mínimo interés.

Te pido perdón, Diana

(Publicado en La Razón el 7/01/2018)
https://www.larazon.es/blogs/politica/sin-consenso/te-pido-perdon-diana-OD17360248
A ti y a tu familia.
Bien podría callar, o sumarme a la corriente y exigirles disculpas a terceros. Pero creo que lo mínimo que os debo; lo mínimo que os debemos; es dirigirnos a vosotros en primera persona. Y pediros perdón. Por lo que hicimos ayer, y por lo que hacemos hoy.
Sí, hoy. Hoy que sabemos que lo único que hizo Diana fue cruzarse en el camino de un malnacido; de un depredador sexual de la peor calaña; lo fácil es señalar a “ciertos” medios de comunicación o a “algunos” periodistas. “Esos” que en su momento se dedicaron a airear vuestras intimidades. Los que sugerían que el modo de ser de Diana, o los problemas matrimoniales, incluso la indumentaria de la niña; pudiesen haber ocasionado la desaparición... Pero es que aquello no se terminó entonces. Hoy periodistas y medios competimos por ofrecer los detalles más morbosos y escabrosos del crimen que cambió vuestras vidas para siempre. Que cuando se trata de no aprender de errores, somos incorregibles.
Como cuando ahora nos ponemos todos más éticos, limpios y puros que la madre que nos parió y señalamos a los medios olvidando que éramos nosotros, la audiencia, los que exigíamos carnaza entonces; y los que seguimos demandando hoy que se alimente nuestro morbo insaciable.
Los periodistas debemos hacérnoslo mirar. Cierto es que en la mayoría de los casos los medios son empresas privadas que sirven a sus clientes (esos que siempre tienen la razón), y que por consiguiente se deben a la audiencia; pero no menos cierto es que los periodistas nunca jamás debemos olvidar que nuestra función social va mucho más allá de dar al público lo que pide.
Al menos servidor no se tiró años en la facultad debatiendo sobre lo que debe ser considerado noticia y no, para luego informar sobre lo cortos o ajustados que eran los shorts de Diana Quer, los problemas matrimoniales de sus padres o si al discutir en su casa los insultos eran más o menos fuertes.
Pero al señalar al gremio periodístico no debemos olvidar que los medios dan mierda porque nosotros como audiencia se la pedimos. Y ya no solo porque hacerlo sería mezquino e hipócrita, sino porque necesitamos hacer un serio ejercicio de reflexión sobre la sociedad enferma que formamos y la sociedad que deberíamos ser. No hacerlo nos garantizará repetir lo que os hemos hecho a la siguiente familia.
Qué más quisiera yo que pensar que ‘el Chicle’ era el último hijo de puta desalmado que quedaba suelto en España, pero no caerá esa breva. Tarde o temprano será otra gente la que padezca lo que pasáis vosotros hoy; y nosotros daremos y exigiremos morbo, carnaza y mierda una vez más. Porque a base de señalar a otros y hablar en tercera persona renunciamos a aprender de nuestros errores, que era lo único mínimamente positivo que se podría haber extraído de todo vuestro dolor y sufrimiento. Y por eso, Diana y familia, aunque solo sea por eso, os pido perdón.

Cataluña y las campañas inútiles

(Publicado en La Razón el 23/12/2017)
https://www.larazon.es/blogs/politica/el-rincon-del-politologo/cataluna-y-las-campanas-inutiles-BD17274005
Hace tiempo ya que lo vengo diciendo. Las campañas electorales son cosa del pasado. Del pasado lejano. De cuando únicamente había periódicos y tan solo unos pocos podían leerlos, de hecho. Desde que tengo uso de razón los mítines electorales son unos eventos arcaicos e irrelevantes a los que solo asisten personas que ya tienen la certeza de que van a ir a votar y a quién.
Anoche (escribo esto la madrugada del 22 de diciembre) en Cataluña obtuvo 34 escaños un partido cuyo candidato cabeza de lista no hizo campaña porque andaba fugado en Bruselas, y 32 otro partido cuyo candidato a president tampoco hizo campaña porque estaba en prisión, incomunicado incluso durante la recta final. Y cierto es que, puestos a ser escrupulosos, estos resultados no demuestran irrefutablemente que yo esté en lo correcto; pero siendo aquí en España todo lo profesionales que somos arrimando el ascua a nuestra sardina al interpretar resultados electorales, no voy a dejar yo de hacer lo propio.
Curiosamente somos nosotros, los que integramos los medios de comunicación, los que exigimos que se mantenga la tradición de las estériles campañas antediluvianas; pero el público las percibe como lo que son: campañas publicitarias. Y todo hijo de vecino sabe ya que “vende” mucho más ser noticia que páginas y páginas o minutos y minutos de anuncios. Ya lo decía Dalí: “Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”. Y no sé yo si los de Junts o los de Esquerra serán tan listos como para manipular a los medios de comunicación a su antojo; lo que sí sé a ciencia cierta es que nosotros somos suficientemente brutos como para hacerles por la cara la mejor campaña que pudiesen haber soñado. Que habría cabido esperar que hubiésemos aprendido de nuestros errores del pasado, como cuando en mayo de 2011 ETA entró en las instituciones vascas con una fuerza impensable seis meses antes, tras un semestre de portadas y aperturas de informativos protagonizadas por Sortu y Bildu a diario. Pero no, no ha sido el caso. Las portadas y aperturas de informativos se las han llevado sistemáticamente Puidgemont y Junqueras durante los últimos dos meses. Hoy suman 66 escaños sin haber hecho campaña. Ahí lo dejo...
Y pudiera ser que yo esté equivocado y que las campañas tradicionales sí que tengan sentido y efectividad a día de hoy. Pero, claro; eso sería aceptar que de haber dado mítines Puigdemont y Junqueras ni siquiera tendríamos hoy el premio de consolación que ha supuesto la victoria de Ciudadanos. Que vale que desde el tripartito de Maragall en Cataluña una victoria electoral significa entre cero y nada, pero volvemos a lo de arrimar el ascua a nuestra sardina; y tendremos que magnificarlo todo lo que podamos, porque es lo único que tenemos.
Hoy lo que sobra son explicaciones. A toro pasado somos todos listísimos, y a ninguno se nos escapa que ha pasado demasiado poco tiempo desde el 1 de Octubre. Sabemos que la fuga de empresas y capitales o el nulo reconocimiento internacional no importan. Que de nada sirve en Cataluña apelar al sentido común, cuando el nacionalismo es sobre todas las cosas un sentimiento visceral y, por tanto, irracional. Y todo ello es cierto, pero yo seguiré pensando que el independentismo era noticia mientras el constitucionalismo hacía campaña; y que eso ha tenido muchísimo que ver.

Cuidado con lo que deseas, Inés

(Publicado en La Razón el 19/12/2017)
https://www.larazon.es/blogs/politica/el-rincon-del-politologo/cuidado-con-lo-que-deseas-ines-GH17234354
Digo yo que, a estas alturas de la película, sobra ponerse a explicar lo especialita que es Cataluña. La nena mimada y consentida, la malcriada por antonomasia del sistema autonómico español, se ha convertido en una llorona insoportable;hasta el punto que toca preguntarse si a Inés Arrimadas, el candidato constitucionalista con mejores perspectivas electorales allí, le interesa realmente cumplir el sueño de toda persona dedicada a la política, que no es otro que gobernar...
¿Y por qué no iba a querer un político gobernar? Pues porque (esto es algo que debemos tener muy presente) en Cataluña la calle es nacionalista. Las empresas demoscópicas pueden establecer las proporciones entre sedicionistas y soberanistas como les venga en gana. Las urnas podrán reflejar unas u otras realidades. Incluso manifestaciones constitucionalistas como las vividas recientemente pueden llevarnos a impresiones equívocas, pero lo cierto es que la calle en Cataluña es rotundamente nacionalista. Y eso significa que es como cualquier otra calle populista, pero con mucho más odio e intolerancia.
Esto Artur Mas lo sabía muy bien. Y por eso resulta hoy más que conveniente recordar su caso: El molt honorable le designó heredero, pero el tripartito le arrebató esa presidencia que había considerado propia por pleno derecho; dos veces... Cuando finalmente ‘se le fue devuelta’ en 2010, no tuvo más que abrir un par de cajones para comprender lo desolador que era el panorama ante sí. Durante seis años de crisis económica, al volante de la Generalitat se habían sentado tres partidos que únicamente estaban de acuerdo en la supremacía catalana y la necesidad de ahondar en las diferencias y separación con el resto de españoles para justificar su existencia. Seis años de huida hacia adelante disfrazada de avance hacia la independencia quebraron Cataluña y pusieron a Artur Mas en una encrucijada. Podía cerrar el grifo y asumir la realidad de las cuentas catalanas o bien pisar el acelerador y continuar la carrera hacia el precipicio de la independencia. Sabía que la calle, ya irremediablemente nacionalista por aquel entonces, no iba a aceptar la primera opción (y menos viniendo de uno de derechas como él); con lo que cerró ojos, se tapó la nariz, y se zambulló en el prusés hacia una independencia que nunca quiso, por aquello de que sabía que el parné está donde siempre ha estado: en el independentismo y no en la independencia.
Y si así estaban las cosas tras seis años de tripartito, imagínense ahora tras seis años de tripartito y siete de prusés. Y llegamos a ti, Inés Arrimadas, a quien la calle catalana no está dispuesta a aceptarte lo de ‘la herencia recibida’ ni durante las primeras 100 horas de gobierno. La que tampoco puedes culpar de nada a España. La que solo por no ser independentista ya eres considerada una fascista de la peor calaña de la ultraderecha mundial... Es muy difícil prever lo que pueda ocurrir a partir del próximo 21 de diciembre, Inés. Podemos encontrarnos con muchas versiones diferentes de la realidad, pero en ninguna de ellas hay un presidente (o presidenta) de la Generalitat soberanista que levante las alfombras y devuelva la sensatez a Cataluña ante el reconocimiento pacífico de la ciudadanía. Quien intente poner fin al delirio sedicionista lo hará en contra de la calle, y aparentará hacerlo en contra de Cataluña entera y verdadera...
Pero esto tú ya lo sabes, Inés. Al menos deberías saberlo. Si a pesar de ello deseas gobernar, únicamente por eso mereces toda mi admiración y respeto. Pero ten cuidado con lo que deseas. Yo espero, por el bien de todos, que lo tuyo sea valentía y no temeridad.

jueves, 5 de mayo de 2016

PDRSCHZ y la crónica de un suicidio


(Publicado en Vozpópuli el 01/05/16)

http://vozpopuli.com/blogs/7219-carlos-prallong-pdrschz-y-la-cronica-de-un-suicidio

          Finalmente tendremos que volver a las urnas. Y vale que ahora es algo que todo el mundo sabía positivamente desde el mismo 20D (algunos incluso desde antes), pero yo he de reconocer que ni siquiera a día de hoy me siento a salvo de uno de esos gobiernos inverosímiles de los que se nos han sugerido durante estos meses. Las que se supone han sido “semanas de incertidumbre”, en mi caso al menos han sido de miedo, pánico e incluso terror. Y cuando echo la vista atrás, no me cuesta identificar al causante de todas mis inquietudes y ansiedades: Pdrschz.

          Que vale, que a quien temo realmente es a Pablo Iglesias, casi tanto como a Soraya Sáenz de Santamaría; pero ha sido el número uno del PSOE quien, mientras cavaba su propia tumba, me ha traído por el camino de la amargura. Ante el peor resultado de la historia de su partido, se vio obligado a elegir entre acercarse a su adversario o aproximarse a su enemigo, y optó por el enemigo. Y el enemigo ha hecho con él lo que le ha dado la gana.

          Y alguno puede pensar que Pablo Iglesias es un fenómeno. Que ha marcado tiempos y agenda todos estos meses porque es listísimo. Pero la triste realidad es que se enfrentaba a un mentecato incapaz. Yo también soy un torero extraordinario cuando le vacilo con un trapo al caniche de mis vecinos, pero eso no me convierte en el as de la tauromaquia que puedo llegar a parecer en semejantes ocasiones. Y a Pedro Sánchez no se lo ha cargado Podemos, Pedro Sánchez se ha suicidado él solito.

          Entró al trapo, y con la estrategia de establecer como prioridad indiscutible desalojar al PP de la Moncloa, ha firmado su propia sentencia de muerte; y podría ser que la de nuestra democracia tal y como la conocemos. Machacó y machacó con el discurso de que cualquier cosa será mejor que un gobierno del PP, de que no existe mal más temible para España que Mariano Rajoy. Y lo que hizo en verdad es generar un escenario en el que tan solo podrá elegir entre morirse o dejar que le maten. Porque si tenemos nuevas elecciones y se produce el temido sorpasso(no veo claro ni lo uno, ni lo otro; pero eso apuntan casi todos los que saben de esto mucho más que yo)… ¿qué le puede responder a Pablo Iglesias cuando éste, con la sartén por el mango, le pida su apoyo para evitar que gobierne el PP? Solo podrá entonces hacerle presidente, y consumar la desaparición del PSOE (Podemos lo habrá fagocitado); o firmar el pacto del consenso con el PP, evidenciando que tras el candidato del PSOE Pedro Sánchez no hay nada más que eso: Pdrschz. Un mentecato incapaz.

Los símbolos del franquismo y la vergüenza de la izquierda


(Publicado en Vozpópuli el 4/02/16)

http://vozpopuli.com/analisis/75438-los-simbolos-del-franquismo-y-la-verguenza-de-la-izquierda

          Incluso en España, donde parece imposible que nos pongamos todos de acuerdo en nada, hay ciertos hechos o ideas que ninguno refutamos. Es el caso de la celebérrima afirmación de Santayana: la que explica que “quien ignora su pasado, está condenado a repetirlo”. Todos damos por supuesta la importancia capital de recordar nuestra historia y especialmente, nuestros peores errores. Porque sabemos que olvidarlos es camino seguro a su reedición, y a todos los españoles nos disgusta la idea de tropezar más de una vez en la misma piedra.

          Sin embargo, uno observa la cruzada intensa de la izquierda contra los símbolos del franquismo y no puede evitar hacerse preguntas. Por supuesto, ahora que abrazamos la Democracia, resulta cuando menos chocante cualquier tipo de gesto, monumento o dedicatoria que honre la memoria de aquel que nos la negó. Pero, ¿no es cierto que también sirven para recordarnos lo jovencita que es nuestra democracia particular y, de paso, lo frágil que puede llegar a ser? ¿Resulta tan descabellado entender que esos símbolos pueden ejercer de recordatorio para evitar la repetición vaticinada por Santayana?

          Todos estamos de acuerdo en que no debemos olvidar, y, sin embargo, cada vez son más los que quieren eliminar todo aquello que nos pueda ayudar a recordar. Y toca entonces preguntarse por qué.

          Debemos recordar el régimen de Franco. Es un deber civil y moral. Debemos avergonzarnos de nuestro pasado reciente. Y, por paradójico que suene, debemos llevar nuestra vergüenza con orgullo. Porque esa vergüenza del recuerdo, llevada como una espina clavada, es la que nos mantendrá alerta ante las posibles amenazas a nuestra democracia. ¿Por qué entonces querrían algunos enterrar al franquismo en el olvido? ¿Por qué querrían evitarnos cualquier tipo de recordatorio que alimente nuestra vergüenza? Pues porque existe otra vergüenza…

           Lo que la izquierda quiere olvidar no es el régimen de Franco, ni los actos ni los hechos del dictador y sus secuaces. Lo que la izquierda quiere olvidar es que Franco murió de viejo, murió Caudillo y murió Generalísimo. Y que durante los últimos veinte años de dictadura (la famosa “dictablanda”) la represión apenas resultó necesaria. Lo que se pretende borrar de nuestra historia es la complacencia con que la izquierda, siempre tan comprometida y revolucionaria, se compraba entonces su seiscientos y estrenaba su primera lavadora. Y por eso es para ellos tan importante retirar los bustos de Franco. No porque honren la figura de un dictador, sino porque les recuerda que ni siquiera cuando Franco era un viejecillo decrépito y la dictadura una caricatura de la que había sido durante la posguerra, tuvieron el coraje para retirarlos por las malas.

           Y, cuenten con ello, cambiarán la Historia. Y les hablarán a nuestros hijos de cuarenta años de represión brutal, durante los que ni el mismísimo Che Guevara se habría atrevido a mover un dedo; para no lidiar con su propia vergüenza… Por suerte, los números siempre estarán ahí para desmontar su versión autocomplaciente. Y si ni los números lo consiguen, se cumplirá la máxima de Santayana; y el próximo dictador también se les morirá de viejo.

martes, 26 de abril de 2016

CALZARSE UNA PALESTINA

(Publicado en Vozpópuli 22/08/14)

http://vozpopuli.com/blogs/4747-carlos-prallong-calzarse-una-palestina

"CALZARSE" UNA PALESTINA

          ​Curioso lo de la solidaridad con las víctimas... Por supuesto que me alegra saber que vivo entre personas que se apenan por los sufrimientos ajenos, capaces de empatizar con los que padecen cualquier calamidad o desgracia. Pero cuando esta solidaridad y empatía les impide a mis vecinos ver nada más allá, comienza a preocuparme. Y mucho.

​          Y es que cada vez es más común que la condición de víctima de una persona, grupo de personas e incluso un pueblo entero monopolice la percepción que se tiene de esa persona o pueblo. Si es víctima, es únicamente eso: víctima. Y como tal, merece que nos pongamos de su lado sin discusión, y a muerte. Y repito que bien está que sepamos ponernos en el lugar de los desfavorecidos; pero cuando permitimos que nuestra tendencia a la solidaridad nos ciegue, al final terminamos metiendo la pata. Todo lo bueno lo es en su justa medida; y la solidaridad, como todas las cosas, deja de ser algo bueno cuando se lleva a extremos y se sacan las cosas de quicio.

​          Durante décadas, por ejemplo, percibimos al pueblo judío como las víctimas del holocausto nazi. Y no es que no fueran o sean muchas otras cosas, pero en nuestro imaginario colectivo no eran más que eso: las víctimas de un genocidio a las que encima sus vecinos no quieren en las tierras que hoy llamamos Israel. Tanto fue así que durante los últimos años no son pocos los que de pronto se preguntan en qué momento las pobrecillas víctimas se convirtieron en una potencia nuclear que responde a las agresiones (cuando no agrede primero) en proporciones de 100 o 1000 a 1. Y no pretendo yo ahora ni mucho menos pararme a discutir si la actuación de Israel durante la última crisis de Gaza (o cualquiera de las anteriores) está siendo correcta, aberrante, perfecta, disparatada o todo lo contrario. Lo que me interesa es señalar cómo en nuestras calles cada vez son más las personas que, ante la manifiesta desproporción entre los medios de una y otra parte en el conflicto; se embriagan de solidaridad hacia los más débiles, se declaran pro-palestinos y empiezan a perder los papeles.

          ​Porque por mucha influencia que tenga la Biblia en nuestra visión del mundo, y por muy interiorizado que tengamos el capítulo de David contra Goliath; a estas alturas deberíamos saber ya que ser el débil en un enfrentamiento no lo convierte a uno necesariamente en el más virtuoso de los contendientes. Es más, pensémoslo fríamente: ¿hasta qué punto hay que estar alelado para echarse encima una palestina por las calles de Madrid? Que ya no es solo que estemos a cuarenta grados (que también) es que ¿acaso no se dan cuenta de que simboliza y significa mucho más que no estar de acuerdo con Israel y en contra del imperialismo judeo-yanqui? Lo más curioso, si cabe, es que muchos de los que hoy muestran su adhesión visceral a la causa palestina sin saber nada de dicha causa más allá de que supone estar en contra de Israel (e, indirectamente, EE. UU.) son los mismos que hace apenas una década le tachaban a uno de xenófobo anti-semita como se le ocurriese hacer mención del pueblo judío sin solidarizarse por los innumerables padecimientos que les había tocado sufrir a lo largo de los siglos...

​          Y ya no es solo que resulte escandaloso que hombres y mujeres de nuestra sociedad se echen al cuello el símbolo de una cultura fanática, de un machismo que apenas acertamos a concebir e irremediablemente violadora de los más mínimos derechos humanos; es que, tal y como Decía Santayana: "aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla". Y los que hoy se sorprenden al descubrir la verdadera naturaleza del pueblo judío, se calzan una palestina y se echan a la calle, dispuestos a sorprenderse dentro de unos años con la verdadera naturaleza del pueblo al que hoy se resisten a ver como nada que no sea una víctima indefensa.

          ​No querría yo convertirme en el pedante elitista de turno que no permite opinar sobre un asunto salvo a los que estén informados a conciencia; pero sí estaría bien que antes de asumir posiciones pro-palestinas uno se preguntase al menos qué ocurriría si durante una hora, por ejemplo, se tornasen los papeles y fuesen los palestinos los que contasen con el aparato militar de Israel y viceversa. A poco informado que se esté, se sabe que la respuesta es que sobrarían 59 minutos para que el conflicto quedase resuelto y finiquitado para siempre. Así al menos sabríamos el tipo de persona que tendríamos delante cada vez que viésemos a algún español calzándose una palestina...